¡Hola! ¡Os escribimos desde la nave de los autonautas! Os dejamos la conversación que mantuvimos con Javier Herrero en la visita a Ojo de Agua. Es la primera vez que hacemos esto. No habíamos hecho antes ninguna entrevista, ni grabado ninguna entrevista…  

Antes de empezar la sensación era como la de Manolete antes de salir al ruedo ( y mira que soy cero taurino). A morir por dios, que decía mi abuela. Entre tanto tratar de no balbucear, ni echar babas. Como veréis Javier es todo generosidad y paciencia. 

Hay varias ideas que pueden abrir a una reflexión interesante.  En primer lugar está que la educación, en tanto parte de una institución, no puede pretender hacer un modelo como si se tratase de un aparato, un mecanismo. No tiene sentido. Eso que llamamos escuela, un lugar gestionado por seres humanos en un contexto determinado, que se relacionan desde unas coordenadas particulares, no puede tener un funcionamiento predeterminado. Un escuela, como cualquier organismo, es un lugar vivo, no un mecanismo, no un aparato. A su vez el estudiante no puede adaptarse a un proceso como si se tratase de construir cosas. No es posible encajar a las personas en el modelo de producción de cosas donde partes desde A para llegar hasta B. En este aspecto hay cosas que se pueden mejorar pero que no son fáciles de abordar desde un modelo tan burocratizado como el actual.

También es intersante anotar que necesitamos más investigación, y que la investigación que tenemos debe exponerse, comunicarse, para que ayude a ofrecer un marco de mayor claridad, máxime en este momento que vivimos. Dando un rodeo, el señor que creo el documental de The Social Dilema, expone nuestra situación aproximadamente en estos términos: a través de internet existe la posibilidad, que se realiza de manera rutinaria, de comprar e implementar bots (programas de ordenador) que se encargan de publicar comentarios con la intención de crear una corriente de opinión concreta. Estos comentarios artificiales son indistinguibles de los de una persona, y cada vez son más sofisticados. Un organismo, institución, o individuo puede hacer que miles de estos comentarios aparezcan en un momento dado, e incluso que se activen con perfiles de usuario como si se tratase de personas. También a estas máquinas de inteligencia artificial les podemos pedir que recojan datos y argumentos para exponer y defender una postura determinada. Esta máquina recogerá innumerables testimonios, estudios, argumentos y podrá crear un sinnúmero de artículos, incluso de artículos que podrían pasar por artículos académicos, para defender esa posición. O la contraria. Y, en muchos casos, no tenemos manera de discriminar si esa información es cierta o no. Repito, estos informes los han hecho máquinas para dar fortaleza a una determinada narrativa. También estas máquinas son capaces de generar discursos adaptándose al modo de hablar y expresarse, utilizando los mismos giros y manierismos que una persona determinada, haciéndose pasar por él o por ella. Ya sea o no de manera voluntaria. Estas máquinas también están haciendo máquinas que cada vez hacen mejores y más eficientes máquinas en un crecimiento que es exponencial hasta un punto que todavía quizás no podamos prever. Lo que este autor pone sobre la mesa, más allá de su trabajo sobre las redes sociales, que son la punta del iceberg en la versión que expuso en el documental, es que en este estado de cosas es imposible que podamos funcionar como comunidad humana. Para que un grupo de individuos pueda funcionar debe poder colaborar y para poder colaborar debe poder dar sentido a las cosas conjuntamente. De nuevo: un grupo de individuos debe poder dar sentido a las cosas, juntos, para poder cooperar. En un estado de polarización e incertidumbre sobre cualquier cuestión esta posibilidad desaparece y nos quedamos completamente dislocados como sociedad, a expensas de algo que es nuevo y sobre lo que debemos poner atención. Entonces, en la educación, debemos agacharnos, tocar la tierra con los dedos, y recuperar la evidencia que tenemos de lo que es real y lo que nos determina y define como seres humanos. Quizás, construyendo desde ahí, podremos dar respuesta a los retos que se nos presentan. Esta información es a día de hoy muy rica y muy explícita. Busquemos esa información y pongámosla al servicio de la vida y de la inteligencia. Si no, de nuevo, tengamos claro que otras instancias trabajarán por deshumanizar las relaciones, el aprendizaje, el crecimiento, y, de ahí, lo que construimos como adultos.

Unas citas para terminar el post, que con la entrevista ya hay tela:

«La educación no es meramente asunto de adiestrar la mente. La instrucción contribuye a la eficiencia, pero no produce integración. Una mente educada de esta manera es la continuación del pasado, y no está en condiciones de descubrir lo nuevo. Es por eso que para averiguar en qué consiste la verdadera educación, tenemos que examinar la total significación de la vida.»

«El conocimiento técnico, aunque necesario, no resolverá en modo alguno nuestras tensiones y conflictos psicológicos internos: y es por haber adquirido conocimientos técnicos sin comprender el proceso total de la vida, que la tecnología se ha convertido en un instrumento para nuestra propia destrucción. El hombre que sabe desintegrar el átomo, pero no tiene amor en su corazón, se convierte en un monstruo».

«Educar bien al alumno es ayudarlo a entender el proceso total de su ser; porque sólo cuando hay integración de la mente y el corazón en cada acción cotidiana, es que puede haber inteligencia y transformación interna.»

J.K. La educación y el sentido de la vida

 

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