Quizás podamos poner como fecha de comienzo el 27 de mayo de 1991: en un teatro de la ciudad de Fano Francesco Tonucci reúne por primera vez el consejo de los niños y se establece la ciudad de los niños como proyecto permanente. El mismo día, más o menos a la misma hora, el parlamento italiano ratifica la Declaración sobre los Derechos de Niño, aprobada por Naciones Unidas un par de años antes. Una casualidad, una confluencia temporal cuanto menos curiosa. Tonucci este año tenía 51 años, era un joven idealista con una idea muy clara, muy sencilla, y profundamente transformadora: “un proyecto permanente de transformación de la ciudad cuyo parámetro fuesen los niños y las niñas”. Bajar la mirada a la altura de los niños, y ver si es habitable para ellos. Si la ciudad es habitable para los niños, es buena para todos: para las madres y padres con bebés y niños pequeños, para los discapacitados, para las abuelas y abuelos, para los inmigrantes, para los desempleados, para todos.

Previamente, ese mismo año de 1991, el Ayuntamiento de Fano pidió a Tonucci organizar una semana dedicada a la infancia. Ese fue el germen del proyecto. Al terminar la semana el alcalde, Mario Lodi, le pidió a Tonucci que se encargase del proyecto el próximo año, a lo que respondió que eso no podía ser, que no podía reducirse el proyecto a un gesto cosmético una vez al año, que aquel proyecto debía convertirse en un proyecto permanente de transformación de la ciudad:

“En los primeros documentos que envié al alcalde dejé bien claro que el objetivo principal de este proyecto debía ser devolver a los niños la posibilidad de salir de casas solos, para vivir con sus amigos las experiencias fundamentales de la exploración, la aventura y el juego”

La idea es muy clara: ¿para quién está hecha la ciudad? La respuesta es obvia, para el coche, y para el adulto varón trabajador de mediana edad. El centro de las ciudades ya no se vive; es el centro de los grandes bancos, comercios lujosos y diversión. Nos vamos a la periferia, donde realmente tampoco se vive, solo se duerme. “La ciudad ha perdido su vida. La ciudad se ha convertido en el bosque de nuestros cuentos”. Se ha instaurado un sistema de fragmentación y especialización donde todo se encuentra separado: el centro de las ciudades con sus actividades específicas, los lugares para los niños: guardería y parques, para los ancianos el geriátrico, para aprender escuelas y universidades, para la familia la casa y para comprar el centro comercial.

Cuando conocimos a Tonucci por primera vez, nos emocionó mucho que aquello que nosotros estábamos intentando hacer en el jardín de infancia, el trabajo con la autonomía, él lo entendía y lo llevaba a un marco mucho más amplio que es el marco de la ciudad, el marco de la comunidad donde los niños y niñas viven, el marco del hábitat humano que construimos y disponemos para convivir, crecer y relacionarnos.

La realidad es que nos hemos resignado, nos hemos dado por vencidos, ni siquiera consideramos la posibilidad de que podemos crear la ciudad como un entorno donde convivir, relacionarnos y cuidarnos como seres humanos. Y esto tiene unas implicaciones profundas.

La propuesta de Tonucci es radical y simple: debemos cambiar las ciudades para que puedan ser habitadas por personas. Y aquí es clave la noción de que la ciudad es un espacio público, que tiene un papel social, de relación, de cooperación, del encuentro, de vida en común. Estamos invadidos por los coches, de manera que la ciudad, es decir, todo el espacio público que se ubica en el afuera de cualquier edificio, es solo para el coche o para el tránsito, para ir de A a B.

Esto tiene profundas consecuencias para el desarrollo del niño, y desde ahí para el desarrollo del ser humano y de la conformación humana de la que forma parte. Y esto es así porque los niños solo pueden estar en espacios acotados, vallados, e ir de un sitio a otro en coche o acompañados por adultos; de la escuela al parque, del parque a casa, de casa a la clase extraescolar, etcétera, etcétera. Es algo que damos por hecho pero es relativamente reciente.

Tonucci no propone crear lugares de juego chulísimo con vallas proyectoras para los niños. “Dejar espacio significa regalar”. La ciudad de los niños es un proyecto que propone que la ciudad permita jugar a los niños de manera autónoma, sin vigilancia, para que los niños tengan la experiencia del juego.

Estas ideas, este proyecto sobre la ciudad y su materialización debe convivir con la reflexión sobre la escuela pues la escuela está inserta, conformada, definida y determinada por el modo de funcionar del entorno social donde se ubica. Muchas veces nos damos cuenta de que la escuela trata de compensar lo que la “ciudad” no cubre. La escuela debe proporcionar espacios de juego autónomo porque fuera de la escuela no existen. La escuela debe proporcionar experiencias de contacto con lo vivo, con las fuerzas que conforman la vida, la relación, los intereses, la comunicación, las relaciones, porque no hay un espacio público donde esto se de. Pero a veces no nos damos cuenta de esta situación y nos preguntamos si es legítimo pedir esto a la escuela.  La escuela parte de un modelo donde se iba a estudiar, porque lo demás se hacía fuera. Como la ciudad no permite que sea habitada por niños tornamos la mirada a la escuela para que palie esta carencia y decimos que la escuela no funciona bien. Hay muchas cosas en que la escuela debe mejorar, pero es interesante considerar qué necesidades le corresponde satisfacer y en qué medida, y entenderela dentro de un marco de convivencia que son las comunidades humanas dadas en un emplazamiento particular. A partir de la segunda guerra mundial las ciudades cambian radicalmente y ya no se habitan, se transitan, de manera que las escuelas tienen el peso de proporcionar todas las experiencias vitales necesarias para el niño. Y sin embargo ¿tiene sentido? En nuestra investigación vamos a ver la escuela del futuro, pero ¿esa escuela ideal son islas de vida en medio de este tipo de ciudades? 

Si hablamos de infancia, de cuidar la infancia, de proteger sus derechos, un desarrollo sano, para que estas personas puedan conformar comunidades humanas, de cuidado, prosperidad y desarrollo, debemos poner la mirada en el hábitat del niño, en como es su día a día.  

Tonucci insiste en recordarnos que la mayoría de los países del mundo nos hemos acogido a la Convención de los Derechos del Niño, ratificada por Naciones Unidas el 20 de noviembre de 1989. Esta convención tiene la tipificación de una ley internacional que estamos obligados a cumplir, y que se encuentra jerárquicamente por encima de otras ordenanzas de carácter local. Terminamos este post con estos artículos, para imprimir y guardar en la cartera, prestando especial atención al artículo 6, al artículo 12 y al artículo 31:

Art 6. SUPERVIVENCIA Y DESARROLLO: Todo niño tiene derecho intrínseco a la vida y es obligación del Estado garantizar la supervivencia y el desarrollo del niño.

Art. 12 OPINIÓN DEL NIÑO: El niño tiene derecho a expresar su opinión y a que ésta se tenga en cuenta en todos los asuntos que le afectan.

Art. 31 ESPARCIMIENTO, JUEGO Y ACTIVIDADES CULTURALES: El niño tiene derecho al esparcimiento,al juego y a participar en las actividades artísticas y culturales.

 

Convención de los Derechos del Niño, Reescrita de manera simplificada y reducida para los niños por P. Benevene, F. Ippolito y F. Tonucci para la Fundación Basso. Podéis ver el texto completo aquí: https://www.un.org/es/events/childrenday/pdf/derechos.pdf

Art. 1

Esta convención se ocupa de los derechos de todos aquellos que todavía no han cumplido 18 años.

Art.2

Todos los Estados deben respetar los derechos del niño, sin distinción de raza, de color, de sexo, de lengua, de religión, de opinión política del niño o de su familia.

Art.3

Los intereses del niño deben ser considerados en primer lugar en todas las decisiones que los afecten. El niño tiene el derecho de recibir la protección y las atenciones necesarias para su bienestar.

Art.5

Son los padres o quienes los sustituyen los que deben hacerse cargo del niño.

Art.6

  1. El niño tiene el derecho a la vida.
  2. El niño tiene el derecho a desarrollar de modo completo su propia personalidad.

Art.9

El niño tiene el derecho de mantener contacto con sus padres, aunque éstos estén separados o divorciados.

Art. 1O

El niño tiene el derecho de reunirse con sus padres o de permanecer en contacto con ellos cuando éstos vivan en el exterior.

Art. 11

Los niños no deben ser sacados del país de manera ilegal.

Art. 13

El niño tiene el derecho de poder decir lo que piensa, con los medios que prefiera.

Art. 14

  1. El niño tiene el derecho de libertad de pensamiento, de conciencia, de religión.
  2. Los padres tienen el derecho y el deber de guiar a sus hijos, y para tales efectos deben tener la libertad de llevar a cabo las ideas en las que creen.

Art. 15

Los niños tienen el derecho a estar junto a los otros.

Art. 17

Los diarios, los programas radiofónicos y televisivos son importantes para el niño; por este motivo es conveniente que sean adaptados a él.

Art. 18

Si un niño no tiene padres, debe haber alguien que se ocupe de él.

Si los padres de un niño trabajan, alguien debe encargarse de él mientras sus padres están trabajando.

Art. 19

Nadie puede descuidar, abandonar, maltratar o explotar a un niño, ni ejercer violencia sobre él.

Art. 20

Si un niño no puede permanecer con su familia, debe vivir con alguien que se ocupe de él.

Art. 21

El niño tiene el derecho a ser adoptado si su familia no se puede ocupar de él. No se puede comerciar con las adopciones.

Art. 22

  1. El niño refugiado tiene el derecho a ser protegido.
  2. El niño refugiado debe recibir ayuda para que se reúna con su familia.

Art. 23

  1. El niño que tiene problemas mentales o físicos tiene el derecho a vivir como los otros niños y a estar junto a ellos.
  2. El niño que tiene problemas mentales o físicos tiene el derecho a ser atendido.
  3. El niño que tiene problemas físicos o mentales tiene el derecho de ir a la escuela, de prepararse para el trabajo, de divertirse.

Art. 24

El niño tiene el derecho de alcanzar el máximo nivel de salud física y mental y de ser bien atendido cuando tiene necesidad.

Art. 27

El niño tiene el derecho de crecer bien física, mental, espiritual y socialmente.

Art. 28

El niño tiene el derecho a la educación. La escuela debe ser obligatoria y gratuita para todos.

Art.29

El niño tiene el derecho a recibir una educación que desarrolle sus capacidades y que le enseñe acerca de la paz, de la amistad, de la igualdad y del respeto por el ambiente natural.

Art. 3O

El niño que pertenece a una minoría tiene el derecho de usar su lengua y de vivir de acuerdo a su cultura y a su religión.

Art. 31

El niño tiene el derecho al juego, al reposo, a la diversión y a dedicarse a las actividades que más le gusten.

Art. 32

Ningún niño debe ser explotado. Ningún niño debe realizar trabajos que puedan ser peligrosos o que le impidan crecer bien o estudiar.

Art. 33

El niño debe ser protegido respecto de la droga.

Art. 34

Ningún niño debe sufrir violencia sexual o ser explotado sexualmente.

Art. 35

Ningún niño debe ser robado, comprado o vendido.

Art. 37

Ningún niño puede ser torturado, condenado a muerte o a prisión. Ningún niño puede ser privado de su libertad de manera ilegal o arbitraria.

Art. 38

Ningún niño menor de 15 años debe ser enrolado en un ejército ni debe combatir en una guerra.

Art. 39

El niño que ha sido abandonado, explotado y maltratado tiene el derecho a ser ayudado a recuperar su salud y su tranquilidad.

Art. 40

El niño que es acusado de cometer un delito debe ser considerado inocente hasta tanto no se pruebe su culpabilidad en un proceso justo. Y en el caso de comprobarse su culpabilidad, tiene el derecho de recibir un tratamiento acorde con su edad y que lo ayude para poder volver a vivir con los otros.

Art. 41

A estos derechos cada Estado puede agregar otros que puedan mejorar la situación del niño.

Art. 42

Es necesario hacer conocer a todos, adultos y niños, lo que dice esta Convención. 

 

 

 

 

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